2004 La Opera de Tres Centavos

Diario Clarín *** jueves 12 de agosto del 2004*****
D*Representada en Berlín en 1928, La Opera de Tres Centavos está inspirada en The Beggar’s Opera (La ópera del mendigo), de John Gay, dramaturgo considerado de avanzada para su época, ya que se atrevió, en 1728, a llevar a escena la vida de asesinos, mendigos y prostitutas. La ópera de tres centavos es una parodia de una obra de carácter paródico, ya que la puesta de Gay se mofaba de los tópicos artísticos consagrados. Si dos siglos después de Gay, Brecht y Weill exploran, con desenfado y divertida agresividad, los resquicios del mundo urbano capitalista y sus efectos en los hombres, en esta versión ese atrevimiento llega hasta el presente argentino. *MAÑANA SE ESTRENA “LA OPERA DE TRES CENTAVOS” DIARIO CLARIN por Olga Cosentino. La canción sigue siendo la misma .En el Teatro Alvear sube a escena una nueva versión de la sátira musical de Bertolt Brecht. Walter Santa Ana, Alejandra Radano y Diego Peretti animan los personajes centrales de una obra de fuerte vigencia.
Cuánto vale un delincuente?
¿Y un desvalido?
¿Y un “sin techo”?
Nadie caería en la incorrección política de decirlo pero el arte, a veces, habla de modo casi tan desvergonzado como la realidad. Ahí están para confirmarlo las cifras (de uno a cuatro centavos de la moneda de menor valor) que se barajaron en distinto tiempo y lugar para nombrar la pintura de la marginalidad que hace La ópera de tres centavos, el musical de Bertolt Brecht-Kurt Weill que mañana se estrena en el Alvear con Walter Santa Ana, Alejandra Radano y Diego Peretti al frente del elenco.
 
Estrenada en Berlín en 1928 como Die Dreigroschenoper(literalmente, La ópera de tres centavos), Inglaterra la conoció como The Threepenny Opera (La ópera de tres peniques). Pero España la llevó a escena con títulos que fueron desde La ópera de cuatro cuartos, o … de tres…, o … de dos centavos, hasta La ópera de perra gorda (perra gorda era en Cádiz la moneda de diez céntimos acuñada en 1870, que circuló hasta el primer tercio del siglo XX). En Francia fue L’opera de quat’sous, pero Portugal la llamó A opera dos tr¬s vinténs y A opera dos tr¬s tostões. Las variaciones de signo monetario y de cotización, como se ve, no compiten precisamente por el mejor precio sino por el más bajo. Pero la historia que se cuenta es sólo en apariencia la de los miserables. En la anécdota interactúan los delincuentes (liderados por Mackie el cuchillero) y los mendigos (que conduce Jonathan Peachum), pero en ellos están representada toda la sociedad. En Buenos Aires, el Teatro San Martín estrenó una versión con el título de La ópera de dos centavos, dirigida por Daniel Suárez Marzal, el 10 de abril de 1988, con Víctor Laplace y Susana Rinaldi en los papeles centrales. En 2003, la argentina Cecilia Rossetto protagonizó en Europa la versión dirigida por el director catalán Calixto Bieito. Hoy, el mundo ha cambiado tres veces de siglo desde John Gay y una vez desde Bertolt Brecht. Entre cada uno de esos mojones cronológicos la inteligencia humana dio saltos abismales en los campos de la ciencia y la tecnología. Y sin embargo, la sociedad sigue pareciéndose demasiado a la descripta por ambas sátiras: los ladrones todavía imitan, sin poder superarlos en eficacia, a muchos funcionarios políticos y económicos; hay organismos internacionales que viven legalmente de la banca, la prostitución, el tráfico humano o la guerra.
Y la principal diferencia entre miserables y poderosos es que los primeros, a veces, pagan por sus delitos.
 
 
*DIJO RICARDO EAAE EN EL 2004: Fui a ver esta obra la noche de su despedida. El teatro estaba lleno, y el público festejaba momentos que a mi personalmente no me atraían. Algunas cosas me gustaban, pero muchas otras me producían intranquilidad. Principalmente porque no me daba cuenta el género que estaba viendo y oyendo.
Por un lado influencias del viejo comic en Polly, era una Betty Bu premeditadamente antigua, bastante bien resuelta por Alejandra Radano, más en lo actoral (escenas del depósito) que en lo musical. El personaje del Relator, mezcla del Joel Grey del Berlin de Cabaret y “nuestro” Casanovas, con sus tacos altos, personaje “nuevo” muy interesante (¿le hubiera gustado a Brecht?) muy bien resuelto por  Guillermo Angelelli.
 
Las malas palabras de personajes de los cuales se espera ese lenguaje, nos remitían a las viejas revistas de la calle Corrientes (ni la del Nacional ni la del Maipo), más bataclán, más Marrone. La Lucy de Muriel Santa Ana marcada por la directora en forma ultra exagerada, con gritos, gestos obscenos, peleas en el patio de la carcel (o del conventillo) con Polly (acaso un sainete?). La adaptación de Brecht a la Argentina de hoy, a la de ayer (¿a la de mañana?) es un desafío muy grande. Pareciera que las obras que está presentando en estos momentos el CTBA tienen ese don de universalizar los temas (no todo el teatro es así). Kabul puede ser Buenos Aires (puentes tomados, mendigos, violencia). Semíramis (La Hija del Aire) puede ser cualquier poderoso dirigente político. Berlín 1928, el mundo de John Gay en 1728, Argentina hoy: ¿todo parecido? Tango, cumbia, chacarera, Kurt Weill: ¿todo semejante? Es una posición muy arriesgada (valiente) de Betty Gambartes, Ibarlucía, Tantanian y Villa. A mi me incomodó; a lo mejor ese haya sido el objetivo. Visualmente está lograda. Los colores de los trajes/guantes/todo de Mackie/Peretti, los negros y rojos de las prostitutas (compitiendo con el negro y rojo del Alvear que desde bien arriba se confundían), la escenografía de la carcel (alfombra, reposera), las escenas de canto y un poco de baile de todo el conjunto están muy bien (3 momentos: la chacarera, la cumbia y el final). Salí del teatro con la sensación de haber visto algo importante
(¿Brecht o Gambartes?)
 pero con muchas dudas de mi parte (no por Brecht ni por Kurt Weill). Sentí también que hubo un enorme esfuerzo, mucha entrega…y mucho tiempo de elaboración y de confrontación con la imagen de un Brecht que miraba desde Berlín 1928.
 
Dijo CESAR MELIS: ÓPERA DEVALUADA
Con gran expectativa de crítica y de público, se estrenó en el Teatro Presidente Alvear la Ópera de tres centavos de Bertolt Brecht y Kurt Weill, quienes se atrevieron a plasmar en escena la vida de asesinos, prostitutas y pordioseros con una ironía y una audacia infrecuentes. Traducida y adaptada por Ricardo Ibarlucía y Alejandro Tantanian, la presente versión y dirección pertenecen a Betty Gambartes y la dirección musical a Diego Vila. Con una puesta kistch (o lo que la directora considera “kistch”) y continuas referencias a la actualidad argentina (como se suele catalogar ahora: con “guiños” al espectador hacia la reciente epopeya menemista), esta Ópera de tres centavos se bosqueja más cerca del mamarracho que de la mirada posmoderna y divertidamente agresiva a la que aspira. Tanto engolosinamiento por la búsqueda del efecto y de la forma ha jibarizado el contenido, a tal punto que resulta casi imposible reconocer a Brecht entre los burdos trazos a la que innecesariamente Gambartes lo ha sometido. Para refrescar clásicos se precisa, además de desenfado, mucho talento y un profundo respeto hacia el texto original (recordamos la excelente versión de Daniel Suárez Marzal en el San Martín y la puesta italiana con Milva y Doménico Modugno a la cabeza). Es más: si la finalidad última apuntase a trazar un paralelismo entre la pieza y nuestra idiosincrasia como pueblo empobrecido, corrupto y tercermundista, Gambartes debió animarse con la dramaturgia y escribir su propio guión, dejándolo en paz a Brecht que nada tiene que ver con las murgas, los malambos y las cumbias. Lejos de ser puristas (desde esta sección, por más de quince años, hemos celebrado las nuevas miradas, el teatro experimental, el “under” y las reinterpretaciones), existe un delicado punto o límite en el mal gusto del que no se vuelve y al que se llega, casi sin esfuerzo, gracias a la ridiculez y a un pretencioso afán de originalidad.
 
DIJO RICARDO EAAE
Fui a ver esta obra la noche de su despedida. El teatro estaba lleno, y el público festejaba momentos que a mi personalmente no me atraían. Algunas cosas me gustaban, pero muchas otras me producían intranquilidad. Principalmente porque no me daba cuenta el género que estaba viendo y oyendo. Por un lado influencias del viejo comic en Polly, era una Betty Boop premeditadamente antigua, bastante bien resuelta por Alejandra Radano, más en lo actoral (escenas del depósito) que en lo musical.
 
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