2011 Patria Petrona

Foto by Mariano Peralta**

Video tomado por Martín Wullich***

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*PATRIA PETRONA/TORTAZO

Muestra interdisciplinaria a cargo de Alfredo Arias en la Fundación Proa el Actor y Director Teatral rinde homenaje a los años dorados de Petrona C. de Gandulfo con una muestra interdisciplinaria en Proa.

Al principio, fueron las láminas de sus libros; después, la televisión. Millones de chicos argentinos de distintas generaciones soñaron con las tortas de Doña Petrona, cuyo nombre completo era Petrona Carrizo de Gandulfo. Ella reinaba en un mundo donde ríos de espesa crema chantilly, chocolate o fondant se derramaban encima de los bizcochuelos para completar la decoración de canchas de fútbol, paisajes y altares erguidos sobre la masa esponjosa lograda a base de docenas de huevo por piso. Uno de esos chicos fue Alfredo Arias, el artista, director y actor de teatro, que ahora ha montado en Proa la muestra Patria Petrona, un ejercicio de la memoria colectiva, apoyado en pinturas de Juan Stoppani que reproducen algunas de las láminas, en tortas del tamaño de las originales pero de cerámica, en recetas leídas por la actriz Alejandra Radano y maniquíes vestidos con modelos diseñados por Pablo Ramírez, los modelos que las señoras vestirían en cada una de las ceremonias de degustación (cumpleaños, comuniones, fechas patrias, hora del té, casamientos, bodas de plata).

Arias recuerda: “En mi casa, las que cocinaban bien eran mis tías, por supuesto, solteras. Una de ellas, Laura, era muy buena cocinera. Preparaba berenjenas en escabeche inolvidables, profiteroles… Decía que podía hacer el bizcochuelo de 36 huevos de Petrona con uno solo y el resultado era mejor. Mis tías criticaban bastante a Petrona porque enseñaba, según ellas, una cocina despegada de la realidad. En cambio, yo apreciaba justamente que estuviera despegada de la realidad, porque eso me permitía soñar. La mirábamos para soñar. Muchas de esas tortas, sobre todo las de las láminas, eran irrealizables en una casa. Se hubiera necesitado una cocina enorme, asistentes, para hacer esos platos. Petrona, con el libro y con las clases de televisión, había creado una especie de ‘Petronalandia’, una Disneylandia doméstica. Hace poco, un amigo me decía que, cuando sus padres se peleaban, él se refugiaba en el cine. Yo me ponía a hojear el libro de Petrona. Hojearlo me inspiraba tanto o más que mirar un número de Radiolandia . Si hubiera podido hacer un decorado con esas láminas, lo habría hecho y habría caminado dentro de tortas monumentales. Una vez, cuando era chico, cociné una de dulce de leche y chocolate, el ‘Arrollado Caruso’, creo. Me salió mal y, además, a mi familia no le gustó que yo me dedicara a tareas femeninas, así que todos me condenaron”.

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